Aunque hoy el monumento preside discretamente la plaza, pocos recuerdan que esta pieza de Josep Llimona fue exiliada durante décadas y solo volvió a ser visible en los años ochenta.
Las figuras alegóricas que rodean al doctor representan las virtudes cívicas y los ideales de una Barcelona que, a principios del siglo XX, creía en la modernidad como fuerza transformadora.