El cartel del Cruïlla huye de etiquetas y mezcla géneros, edades y procedencias. Aquí es posible cantar con una leyenda catalana y bailar con un icono global en una misma noche.
Los pequeños espacios de artes escénicas, con propuestas de teatro, danza o performances, suelen deparar sorpresas tan desconcertantes como memorables.
En el festival nunca puede faltar su gastronomía, con opciones para distintos paladares y realidades: sin gluten, sin lactosa, vegetarianas, veganas… pero todas igual de deliciosas. Aquí no se viene solo a comer, se viene a saborear el verano con todos los sentidos.