La procesión de Viernes Santo es una tradición religiosa que recorre las calles del barrio Gòtic de Barcelona cada Semana Santa. A última hora de la tarde, cofradías y vecinos empiezan a desfilar al ritmo solemne de los tambores para conmemorar la muerte de Jesús, uno de los momentos más significativos del cristianismo. De repente, el silencio y la luz de centenares de cirios se apoderan del barrio, que se transforma en un escenario conmovedor donde se representan escenas de la Pasión de Cristo. No es un espectáculo, sino un testimonio vivo del patrimonio religioso que, seas o no creyente, deja huella.