El Fossar de les Moreres es el antiguo cementerio de los caídos durante el asedio de Barcelona en 1714. Hoy respira entre ladrillos rojos junto a la basílica de Santa Maria del Mar, transformado en un espacio donde la memoria no se exhibe: se siente. El conjunto escultórico diseñado por Albert Viaplana y Carme Fiol integra una estructura de acero y una llama eterna que mantiene vivo el recuerdo de quienes defendieron la ciudad. El pavimento rojizo, símbolo de la sangre derramada, convierte cada paso en un acto silencioso de homenaje.

This is… bueno saberlo

Es uno de los escenarios de los actos de homenaje durante la Diada Nacional de Catalunya, cada 11 de septiembre. Ese día la plaza se convierte en espacio para la reivindicación.
Mira al suelo: los ladrillos no son meramente funcionales. Evocan la sangre de los defensores caídos y nos inducen a caminar sobre la historia.
El poema de Frederic Soler, incrustado en el pavimento, no es solo poesía. Es también una expresión de dignidad nacional.