Los Jardins de Laribal, llenos de vegetación, son uno de los rincones más deliciosos de la montaña de Montjuïc, en Barcelona. Aunque es una zona poco conocida, este jardín fue la primera rosaleda pública de la ciudad, ofreciendo un lugar donde descansar y observar las vistas panorámicas. Pasear por sus caminos es descubrir sus cascadas, plazoletas y escalinatas, integradas a la perfección con el paisaje urbano y natural.

This is… bueno saberlo

Más allá de su aire decimonónico, los jardines esconden un guiño al arte islámico: las acequias y fuentes evocan la Alhambra. Los arquitectos buscaban ese susurro de agua refrescante y serena, como un eco granadino en plena montaña de Montjuïc.
Los Jardins de Laribal fueron, durante la Exposición Internacional de 1929, un auténtico laboratorio de paisajismo mediterráneo: aquí se ensayaron especies y composiciones que luego poblaron media ciudad.