La muralla y la puerta de entrada a la ciudad romana de Barcino son testigos excepcionales del origen de Barcelona. Construidas en el siglo IV d.C. sobre restos anteriores, estas estructuras defensivas delimitaban el perímetro de la colonia y protegían a sus habitantes. Hoy se conservan varios tramos integrados en el barrio Gòtic y una de las puertas originales cerca de la Plaça Nova. Las torres poligonales y los sillares milenarios no solo revelan su función estratégica dentro del Imperio Romano, sino también cómo empezó a dibujarse la forma urbana de la ciudad

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Algunos de los sillares de la muralla romana de Barcino aún conservan las marcas de los canteros que los tallaron hace más de 1600 años, una firma anónima que sigue visible en la piedra.