Escondida entre las callejuelas del Gòtic, la plaza de Sant Felip Neri conserva una belleza serena marcada por la historia. Bajo la sombra de los árboles y junto a una fuente de piedra, la iglesia barroca da forma a un espacio que invita a detenerse y sentir. Su fachada aún muestra las huellas de un bombardeo de 1938: cicatrices visibles que hoy se leen como símbolos de memoria y resiliencia. Un lugar para observar y comprender otra cara de la ciudad, justo en el límite de la antigua judería.

This is… bueno saberlo

Si llegas temprano por la mañana o al atardecer, la plaza regala una luz especial y un silencio casi intacto. Es uno de esos lugares donde el tiempo parece haberse detenido, perfecto para leer y conectar con la memoria del lugar.