El cementerio nuevo de Igualada es una obra clave de la arquitectura contemporánea que se integra en el paisaje como un gran tajo excavado en la colina. El diseño propone un descenso en zigzag hacia las tumbas, dejando que sea el propio terreno el que marque el ritmo del recorrido. Materiales como el hormigón, la madera y el acero envejecen junto a la naturaleza y refuerzan su integración con el entorno. Desde lejos, la obra casi desaparece. De cerca, revela una coreografía precisa entre arquitectura y tierra.

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Su impacto fue tal que recibió el Premio FAD en 1992 y fue declarado Bien Cultural de Interés Nacional (BCIN) en 2021.
La capilla es un espacio minimalista donde la luz cenital crea un juego de sombras que refuerza la espiritualidad sin ornamentos.