En una de las fachadas exteriores de la Terminal 2 del aeropuerto de Barcelona, un enorme mural de cerámica recibe a los viajeros. La obra, creada por Joan Miró en 1970, se extiende a lo largo de 50 m y está formada por casi 5.000 piezas de cerámica de colores primarios vivos. Sobre ellas, estrellas, lunas y pájaros bailan en clave abstracta, como si quisieran dar la bienvenida desde un idioma que no necesita traducción. No representa nada concreto, pero lo evoca todo. Una bienvenida que no solo se mira: se intuye.

This is… bueno saberlo

En su lenguaje visual, Miró propone un horizonte sin etiquetas: solo símbolos y color, como los sueños antes de nombrarlos.