El edificio de la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona es uno de los ejemplos más representativos del racionalismo arquitectónico catalán de mediados del siglo XX. Destaca por el uso de una estructura de acero laminado que conforma un módulo regular y fachadas transparentes, integrando con precisión estructura y volumen. Su diseño se basa en una clara economía constructiva y una geometría rigurosa, organizando el conjunto en dos cuerpos perpendiculares que ordenan el espacio y la luz.

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Los arquitectos tomaron como referencia los campus de Mies van der Rohe en Chicago, lo que explica la pureza de su estructura de vidrio y acero.
El edificio fue además el proyecto ganador del primer Premio FAD (1958), marcando una ruptura con el estilo académico de la posguerra.