La primera torre de aguas del Eixample es un depósito de ladrillo visto construido en 1867. Su función, en su momento, era abastecer a la ciudad que se expandía siguiendo el nuevo modelo urbanístico cuadriculado del ingeniero Ildefons Cerdà, que soñaba con una Barcelona sin murallas. En medio de una manzana ajardinada, este discreto cilindro de 24 metros se alza sin alardes. No es monumental, pero sí esencial: una pieza modesta del patrimonio industrial que sigue en pie, ajena al bullicio. Mirarla es recordar que, a veces, la ciudad se construye desde lo invisible.

This is… bueno saberlo

El suministro de agua en el nuevo Eixample se beneficció de esta torre, ganando presión con ella.
Con el paso del tiempo, la torre quedó obsoleta. En 1987, el Ayuntamiento creó un jardín público en el interior de la manzana: un pequeño oasis con memoria.