Carrer de Roger de Llúria, 56
Patrimonio industrial
La primera torre de aguas del Eixample es un depósito de ladrillo visto construido en 1867. Su función, en su momento, era abastecer a la ciudad que se expandía siguiendo el nuevo modelo urbanístico cuadriculado del ingeniero Ildefons Cerdà, que soñaba con una Barcelona sin murallas. En medio de una manzana ajardinada, este discreto cilindro de 24 metros se alza sin alardes. No es monumental, pero sí esencial: una pieza modesta del patrimonio industrial que sigue en pie, ajena al bullicio. Mirarla es recordar que, a veces, la ciudad se construye desde lo invisible.