Antes de ser una postal veraniega, la playa fue un barrio de barracas a orillas del mar. Un hogar precario para miles de personas que formaban una comunidad tan invisible como viva.
El nombre oficial de la playa no llegó hasta 2010, después de décadas de olvido institucional. Nombrarla fue también un gesto de reparación simbólica hacia quienes vivieron aquí, en la Barcelona que ya no se ve, pero aún se siente.