El Domingo de Ramos es una tradición viva que cada primavera perfuma las iglesias de Barcelona con palmas y palmones. Ese mismo día se abre la puerta a la Semana Santa, con familias que acuden a las iglesias para recordar la entrada de Jesús en Jerusalén. Basta con pasear por los alrededores de la Catedral o cualquier iglesia de barrio para ver a niños y adultos esperando el instante solemne en que su palma o palmón decorado reciba la bendición. Una jornada de raíces religiosas, hoy convertida en rito familiar que entrelaza fe y cultura popular.