La playa de Sant Miquel es una de las playas urbanas más antiguas de Barcelona, con algo más de 400 m de longitud. Junto al barrio de la Barceloneta, cambia de ritmo según la estación: en verano, el murmullo de las olas se mezcla con juegos de palas y partidos de vóley. En invierno, la arena se convierte en lugar de paseo tranquilo y lectura al sol. Aun así, nunca se vacía del todo: siempre hay alguien dejándose llevar por las palmeras, el paseo y la mirada al mar.

This is… bueno saberlo

La playa debe su nombre a la iglesia de Sant Miquel del Port, construida en 1755 y dedicada al santo patrón de la Barceloneta.
Cuenta con fuentes, duchas, baños públicos y torre de vigilancia, aunque los servicios pueden variar según la temporada.